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Revista de Ópera y Música Clásica

Harmonia Mundi. Capítulo IV

Fecha de publicación: 17 de agosto de 2009

Tras la definición pitagórica de las relaciones musicales y la contribución de Platón al concepto musical y a la teoría del ethos, la Edad Media recoge el testigo fundamentalmente con Boecio y San Agustín

La Música y la armonía de las esferas

 

Música clásicaHARMONIA MUNDI. LA ARMONÍA DE LAS ESFERAS, CAPITULO IV 

Platón había definido en La Republica al Universo como "un conjunto de esferas que se mueven gracias a las melodías de las sirenas siguiendo un plan determinado por la diosa Necesidad". 
 
Lo que confiere a la música, de manera reincidente, ese carácter emocional. Por ello, en el medioevo, se realiza una división clara entre la teoría musical y la práctica musical. 
 
La primera se considera que es de carácter especulativo sobre las relaciones numéricas que rigen los conceptos armónicos, y se la enmarca en el Quadrivium con la  Aritmética, la Geometría y la  Astronomia. En compañía del Trivium, formado por la Gramática, la Dialéctica y la Retórica, conforma el corpus didáctico de las siete artes liberales.
 
La  práctica musical se concibe en sus dos vertientes, una  instrumental y la otra vocal. La práctica es más una habilidad que un conocimiento. El hecho de tocar un instrumento o cantar no presupone que el intérprete conozca los secretos de la "Harmonia Mundi". 
  
Esta distinción entre teoría y práctica, como veremos, es la diferenciación entre los trovadores, teóricos y los juglares, prácticos, que jalonan la Edad Media con su música.
 
Boecio, en su tratado teórico, subdivide la música en mundana, humana, e instrumental. La primera nace del movimiento de los astros regido por las proporciones numéricas del orden divino. No la oímos ya que el oído humano no está preparado para dicha audición. 
 
La música humana es concebida como canora, -vocal-, y representa la  expresión del alma y su armonía. 
 
La tercera, la musica instrumental, no es más que la imitación de las otras dos mediante el concurso de los instrumentos musicales, y entronca con la música práctica. Filosóficamente hablando se acaban de separar la praxis de la teoría y los tres niveles que incluyen la Harmonia Mundi.
 
La iconografía medieval reproduce estos conceptos. Veamos la ilustración de este artículo, que se encuentra en la Sala de las Artes Liberales y los Planetas del Palacio Trinci de Foligno, y que representa a la Música.
 
La figura femenina representa a la Música. Toca el carillón de campanas con una baqueta. Las campanas, ricas en armónicos, reproducen el concepto pitagórico de las relaciones, y están afinadas en consonancia. Esos armónicos de las campanas se unen al sonido del órgano portátil, produciendo un complejo edificio polifónico. 
 
Manuel López-Benito

Audición de música clásicaAUDICION DE MÚSICA CLÁSICA EN CLASICA2

Para ilustrar este artículo oigamos a uno de los carillones más famosos de la Historia de la Música Clásica: el que acompaña a Papageno en su aria del acto II Ein Mädchen oder Weibchen de La flauta mágica de Mozart. Espero que lo disfrutéis.  
 
Ein Mädchen oder Weibchen
 
PAPAGENO
Ein Mädchen oder Weibchen
Wünscht Papageno sich!
O so ein sanftes Täubchen
Wär' Seligkeit für mich!
Dann schmeckte mir
Trinken und Essen,
Dann könnt' ich mit
Fürsten mich messen,
Des Lebens als Weiser mich freun,
Und wie im Elysium sein!
Ein Mädchen oder Weibchen
Wünscht Papageno sich!
O so ein sanftes Täubchen
Wär' Seligkeit für mich!
Ach, kann ich denn keiner von allen
Den reizenden Mädchen gefallen?
Helf' eine mir nur aus der Not,
Sonst gräm' ich mich
wahrlich zu Tod!
Ein Mädchen oder Weibchen
Wünscht Papageno sich!
O so ein sanftes Täubchen
Wär' Seligkeit für mich!
Wird keine mir Liebe gewähren,
So muß mich die Flamme verzehren!
Doch küßt mich ein weiblicher Mund,
So bin ich schon wieder gesund!
 
PAPAGENO
Una muchacha o una mujercita
es lo que Papageno desea.
¡Oh, una suave pichoncita
sería para mí la bienaventuranza!
Entonces me sabrían bien
la comida y la bebida,
entonces podría competir
con los príncipes,
disfrutaría la vida como un sabio
y estaría como en el Elíseo.
Una muchacha o una mujercita
es lo que Papageno desea.
¡Oh, una suave pichoncita
sería para mí la bienaventuranza!
¡Ay! ¿Pero es que nunca
gustaré a ninguna de todas esas
encantadoras muchachas?
Que alguna me saque de mi miseria;
de lo contrario, moriré de dolor.
Una muchacha o una mujercita
es lo que Papageno desea.
¡Oh, una suave pichoncita
sería para mí la bienaventuranza!
¡Si ninguna me concede su amor,
me consumirán las llamas!
¡Pero si me besa una boca de mujer,
enseguida estaré sano otra vez!
 

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