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Revista de Ópera y Música Clásica

Anaximandro, el apeirón y Gustav Mahler

Fecha de publicación: 20 de agosto de 2011

Como ya dijimos en el capítulo anterior de la Música Clásica y la Filosofía, cuando hablabamos de Tales de Mileto, la Cosmología de los filósofos presocráticos se centró en el estudio de la búsqueda del sustrato permanente al que se pudiese reducir la esencia de todas las cosas. 

 
Anaximandro, el apeirón y Gustav Mahler

 

Música ClásicaLA MÚSICA CLÁSICA Y LA FILOSOFÍA EN CLASICA2

Revista de música clásicaLA FILOSOFIA

El cambio, la transformación y el concepto de lo múltiple no eran más que apreciaciones aparentes de una experimentación fenomenológica engañosa. 
 
Tales de Mileto, el padre de estos filósofos, concedió, como vimos entonces, al agua ese carácter de "El Uno inmutable", la unidad que cambia de forma pero que soporta indemne el proceso evolutivo o de transformación. Hoy le toca el turno a otro filósofo milesio: Anaximandro
 
Anaximandro era, al parecer, discípulo de Tales y su postulado fundamental estriba en que "El Uno inmutable" no puede ser físico material. No puede ser nada al que se le pudiese asociar un contrario como sucede con el agua de Tales, sino que algo anterior, algo del que se derivasen precisamente los contrarios y al que estos vuelven tras la lucha que establecen entre ellos y que los lleva a su deterioro como consecuencia de la misma. 
 
Ese algo lo llamó Anaximandro "El Apeiron". La definición que da de "El Apeiron" nos ha llegado gracias a Teofrasto que pone en su boca estas palabras: 
 
El Apeiron" no es ni el agua ni ninguno otro de los llamados elementos, sino una naturaleza diferente de ellos e infinita, de la cual proceden todos los cielos y los mundos en éstos encerrados. Eterna y sin edad, abarca todos los mundos”   
 
De ese Apeiron se “desgarran” un número ilimitados de mundos mediante un movimiento centrífugo donde los más pesados ocupan el centro y los más livianos se alejan del vórtice. Un movimiento eterno que hace que todo nazca del Uno, y todo regrese a él.   
 

Revista de música clásicaLA MÚSICA CLÁSICA

Este concepto de Apeiron creo que lo refleja muy bien el primer movimiento de la "Sinfonía nº 1 en Re mayor "Titán" de Gustav Mahler. Para ilustrar esta apreciación personal permitídme que cite a Theodor W. Adorno en su libro "Mahler" cuando nos da una maravillosa guía de audición de este movimiento y dice textualmente: 
 
La Primera Sinfonía tiene como comienzo una prolongada nota pedal de las cuerdas; todas estas, excepto el tercer grupo de los contrabajos, el más grave, tocan armónicos y se elevan hasta el la más agudo. Ese la es el pitido desagradable, semejante al que lanzaban las locomotoras hoy ya pasadas de moda. La mencionada nota pedal cuelga, raída e impenetrable, del cielo, como una delgada cortina; el dolor que causa es el mismo que a unos ojos delicados les produce una capa de nubes de color gris claro.
 
En el tercer compás se destaca un motivo de cuarta, cuyo timbre viene determinado por el flautín, el oído escucha con todo detalle la aguda, descarnada nitidez del pianissimo, como escuchara setenta años más tarde timbres similares en las obras de vejez de Stravinsky, cuando el maestro de la instrumentación estaba ya harto de la instrumentación magistral. Tras una segunda entrada de las maderas viene una secuencia del motivo de cuarta, descendente; éste queda suspendido en un si bemol, que roza con el la de las cuerdas. 
 
Repentino più mosso: Una fanfarria pianissimo; la tocan dos clarinetes en el registro inferior, descolorido; la tercera voz está encomendada al endeble, mate clarinete bajo; es como si el sonido viniese de detrás de la cortina a la que antes hemos aludido, quisiera en vano traspasarla, y careciese de fuerzas para hacerlo. En una gran lejanía sigue estando la fanfarria también cuando pasa a las trompetas, tal como exige Mahler que estén colocadas éstas. 
 
Más tarde, en el momento culminante de este primer movimiento, seis compases antes de la reaparición de la tónica, es decir, del re, la fanfarria, confiada a las trompetas, a las trompas, a las maderas en registro agudo, produce un rompimiento que no guarda la menor proporción ni con la sonoridad anterior de la orquesta ni con el crescendo que hasta esa fanfarria produce. Más bien que llegar la fanfarria al clímax, lo que ocurre es que la música se expande con un súbito estirón corporal. El desgarrón viene de allá lejos, de más allá del propio movimiento de la música. Hay aquí una injerencia. Durante unos pocos segundos la sinfonía se entrega a la ilusión de que se ha hecho realidad eso que la mirada de la tierra ha estado esperando con angustia y ansia, durante toda una vida, que apareciese en el cielo”.
 
Y ahora que hemos leído a Adorno, creo modestamente que cuando escuchamos este primer movimiento de la "Sinfonía nº 1 en Re mayor  "Titán" de Gustav Mahler asistimos al nacimiento, al desgarrón por el cual del Apeiron nace uno de nosotros. 
 
Si seguimos la trayectoria sinfónica de Mahler podremos asistir a la vuelta de nuevo al "Uno inmutable". Como por ejemplo en un pasaje de su "Sinfonía nº 2 en do menor "Resurreción". Pero eso será motivo para otro artículo de nuestra sección la Música Clásica y la Filososfía, aquí en Clasica2.

Audición de música clásicaAUDICIÓN DE MÚSICA CLÁSICA EN CLASICA2

Escuchemos a continuación este "I. Movimiento: Langsam. Schleppend. “Wie ein Naturlaut. Im Anfang sehr gemächlich" de la "Sinfonía nº 1 en Re mayor "Titán" de Gustav Mahler
 
Manuel López-Benito
 
"I. Movimiento: Langsam. Schleppend. “Wie ein Naturlaut. Im Anfang sehr gemächlich"
 

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