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Revista de Ópera y Música Clásica

Brahms: Sinfonía nº 4 mi menor Op. 98

Fecha de publicación: 13 de marzo de 2015

HEMEROTECA DE MÚSICA CLÁSICA. Siguiendo con la publicación de las notas al programa que atesoran algunos de mis antiguos discos de vinilo, hoy os invito a que leáis lo que Robert A. Hague escribe a propósito de la Sinfonía nº 4 en mi menor Op. 98 de Johannes Brahms, y que aparece en un disco editado por RCA Española S.A., asociada de la Radio Corporation of America, bajo el número de catálogo 3L16016. La interpretación, excepcional a mi entender, corre a cargo de la NBC Symphony Orchestra bajo la dirección de Arturo Toscanini.

Fecha del evento: 21 de marzo de 2015
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música clásica BRAHMS: SINFONÍA Nº 4 EN MI MENOR Op. 98

Las notas dicen así:

Las sinfonías de Johannes Brahms son hoy tan populares, tan familiares en el repertorio de cualquier orquesta, que cabe pensar en que en tales circunstancias haya podido  restarles algo de su encanto original ante la presente generación de oyentes y que estos no siempre se sientan emocionados al escucharla, como era la intención del compositor. En una ciudad tan grande como Nueva York es más que probable que cada una de las cuatro sinfonías de Brahms sea interpretada por las orquestas nacionales y extranjeras en más de media docena de conciertos cada temporada. Algunas veces las oímos interpretadas por algún director, en exceso amigo de dramatizarlas, y que pudiéramos llamar exhibicionista; en ocasiones se las ejecuta de un modo vulgar y carente de imaginación. Tales diferencias en la interpretación conducen al oyente a una duda: cuál fue la idea original de Brahms al escribirlas. A merced de un número incalculable de interpretaciones distintas –buenas, malas o indiferentes-, el oyente puede llegar a olvidar su significado original, y quizá derivar hacia campos musicales más nuevos y originales.

Sin embargo, al escuchar la magnífica interpretación de Arturo Toscanini, estamos seguros que ha de descubrirla de nuevo para regocijarse en ella, pues aquí volvemos a escuchar la inspiración de Brahms con el mismo encanto de expresión y la misma fuerza con que se dejó oír por primera vez. Tal es la magia y la maestría de Toscanini, inspirada por su devoción a la música. Su genio puede recrear, redescubrir, una obra que hemos oído incontables veces y renovando siempre en el oyente el placer de una experiencia desconocida. Prueba de ello es la presente grabación de la Sinfonía nº 4 en mi menor, de Brahms, interpretada por la orquesta NBC, bajo la dirección de Toscanini. Comentando una interpretación anterior de esta misma sinfonía por el genial maestro, dijo el fallecido crítico Lawrence Gilman: “La grandeza de la obra, agigantada por el genio de Toscanini, se unen para crear una imagen indeleble de belleza y fuerza combinadas con una fidelidad y justeza. Por ello hemos de mostrarnos agradecidos; porque en el mundo de hoy, los que amamos las virtudes esenciales del espíritu, naufragamos entre rocas de altura inaccesibles, de tal modo, que el hombre agota su corazón en la lucha por alcanzarlas”.

La Cuarta Sinfonía de Brahms no fue siempre tan bien aceptada por el público como lo es en nuestro tiempo. En sus primeras interpretaciones fue juzgada como una obra demasiado austera, prohibitiva por su difícil ejecución, y lo que resulta más extraño ¡macabra!

El mismo Brahms, conociendo bien los gustos musicales de sus contemporáneos, abrigaba dudas acerca de cómo sería recibida su nueva sinfonía, escrita durante el verano de 1884-85 en Mürz Zuschlag, en los Alpes austríacos.

En una carta escrita a Hans von Bülow, el célebre director de la Orquesta Meinigen, de quien esperaba que aceptase el patrocinio del estreno de su nueva obra, le dice en el tono casi despectivo con que siempre habla de sí mismo:

Unos cuantos entreactos andan rodando por aquí…, algo que podría llarse una sinfonía”. Continúa diciendo. “Algunas veces imagino con placer lo cómodo y agradable que resultaría el poder practicarlos con usted y los Meininge en alguna tournee, pero pienso si lograríamos más de un público. Temo que choque con el ambiente de este país; las cerezas no son dulce y sospecho que nadie querría comerlas

Aunque aquellos que por encontarse cerca de Brahms tenían acceso a su música antes de ser estrenada juzgaban esta obra con reservas. El crítico Hanslick, después de oír su primer movimiento, dijo:

Tuve todo el tiempo la sensación de recibir una paliza”. La mejor amiga de Brahms, Elisabeth von Herzogenberg, se quejó de “la confusa exuberancia de detalles ingeniosamente intercalados” en el primer movimiento y encontró que el tercero “deja sin aliento después de la maravillosa explosión de un glorioso verano”; con sus últimas palabras se refería al segundo movimiento. Kalbeck, leal amigo y biógrafo de Brahms, aconsejó a éste: “Arroja el tercer movimiento en el cesto de los papeles y escribe otro”.

Afortunadamente Brahms no hizo caso de la sugerencia. El estreno de la “Cuarta Sinfonía” tuvo lugar en el teatro Meiningen el 25 de octubre de 1885, bajo la batuta del mismo compositor, y el publico la honró con prolongados aplausos. También fue bien acogida durante la “tournee” por las ciudades holandesas, con Bülow y Brahms alternando en la dirección de la orquesta. En Viena no fue presentada hasta el 17 de enero de 1886 dirigida por Richter y el auditorio supo escucharla con el respeto que sentía hacia todas las obras importantes de Brahms, pero tardó en entrar en los corazones de los vieneses, que no la aceptaron con el mismo entusiasmo demostrado por la Segunda y Terceras Sinfonías. Hugo Wolf y otros críticos poco entusiastas de Brahms, la juzgaron en tono poco amable.

Hasta la representación dada por la Orquesta Filarmónica de Viena el 7 de marzo de 1897, a la que asistió el  mismo Brahms, ya seriamente enfermo, los vieneses no llegaron a demostrar abiertamente su entusiasmo por la Cuarta Sinfonía. Florence May describe lo sucedido en su obra Vida de Brahms con estas palabras:

Una tormenta de aplausos estalló al finalizar el primer movimiento y no se calmó hasta que el compositor se adelantó a saludar desde el proscenio. Tal demostración se repitió después del segundo y tercer movimiento, y una escena de extraordinaria emoción tuvo lugar al final del concierto. El público aplaude con su mirada puesta en la figura que se yergue en un palco; le es familiar, pero hay algo extraño que no habían visto antes y que les impide dejarle partir. Las lágrimas bañaban sus mejillas, tenía el cuerpo encorvado, l expresión cansada y sus cabellos blancos le caían en desorden sobre la frente. Entonces todos los presentes tuvieron que contener un sollozo al comprender que le estaban diciendo adiós

Brahms murió un mes más tarde, el 3 de abril de 1897.

La “Cuarta Sinfonía” en mi menor, Op. 98, de Brahms, está compuesta en cuatro movimientos: “Allegro non tropo”, “Andante moderato”, “Allegro giocoso” y “Allegro energico apassionato”. Esta es quizá la obra –dice Karl Geiringer- “en que Brahms se encuentra más retraído, y, sin embargo, más libre: el lenguaje de la Sinfonía en mi menor está parcialmente escrito usando trozos de partitura muy anteriores y no obstante produce un efecto de atrevida novedad”.

Teniendo en cuenta que Brahms escribió esta obra a los cincuenta años, algunos críticos se han complacido en intentar encontrar en ella una nota de melancolía propia de dicha edad, y otros han ido tan lejos, que afirman que Brahms escogió el tono de mi menor por considerarle “más otoñal”. El hecho de que Raff usará de este tono para describir “un caluroso día de verano” y otros compositores para expresar los encantos “del amor inocente”, contradice, a nuestro juicio, tal opinión.

Otros dicen que Brahms se inspiró en las tragedias de Sófocles para componer esta sinfonía y basan tal suposición en que el compositor leyó por aquel entonces la traducción de dichas tragedias hecha por su amigo, el profesor Wendt. Los partidarios de esta hipótesis la atribuyen al tono sombrío y austero de la música de esta sinfonía, cuyo carácter es trágico y heroico a la vez.

Quizá sea así, ya que el primer movimiento, escrito como la tradicional sonata, tiene un vigor que se convierte con frecuencia en algo heroico. Tovey la describió de un modo feliz al decir:

“Vive su tragedia con una insuperable variedad de expresiones y gran fuerza de clima”.

Más moderado y meditativo resulta el segundo movimiento y su melodía tiene una nota de romántica melancolía. Cuando el joven Richard Strauss la oyó por primera vez, dijo que le recordaba “un cortejo fúnebre moviéndose silencioso a la luz de la luna”. Y Elisabeth von Herzogenberg escribió a Brahms sobre este andante:

Tiene una frescura y distinción de carácter que tan sólo tú eres capaz de dar, y aun así has tenido que descubrir algunos repliegues secretos de tu alma.” El tercer movimiento es un puro contraste de sonoridad y animación. Para Geiringer esta música sólo pudo inspirarla los cuadros de Breughel, “donde una fuerte alegría reina por completo”.

En el final, la corona de oro de esta obra, Brahms usa de la antigua forma de la “Chacone” o “Pasacaglia”, que consiste en sencillas variaciones sobre el mismo tema. Tomando una frase simple de ocho compases, la repite treinta y una veces en diferentes planos de sonoridad, sin una sola modulación ni pasaje de transición; y, sin embargo, el edificio musical así construido con tan sencillo plano, es de una belleza, un poder y una majestad pocas veces igualadas. Esta música nos lleva, según las palabras de Krestzchmar, a “penetrar en el reino donde la alegría y el dolor permanecen callados y la humildad se inclina ante lo que es eterno

Notas por Robert A. Hague. (1958)

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Para ilustrar estas notas, os invito a escuchar el III. Movimiento: Allegro giocoso de esta excepcional sinfonía de Johannes Brahms

Sinfonía nº 4 en mi menor Op. 98. III. Allegro guocoso. Johannes Brahms

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